COP30 busca frenar el impacto climático en la pobreza

En el corazón de la Amazonía, la COP30 revelará si la diplomacia climática sigue siendo un escenario para negociar la velocidad del colapso o si los pueblos logran imponer la única transición justa posible.

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El mundo se dirige hacia un escenario catastrófico de 3,2 °C, según el informe más reciente del IPCC. Foto: EFE


30 de octubre de 2025 Hora: 11:11

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La 30.ª Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Clima (COP30) se celebrará del 6 al 21 de noviembre de 2025 en Belém, Brasil. Reunirá a líderes mundiales, científicos, organizaciones no gubernamentales y de la sociedad civil para debatir las medidas prioritarias frente al cambio climático.

«La COP30 se centrará en los esfuerzos necesarios para limitar el aumento de la temperatura global a 1,5 °C, la presentación de nuevos planes de acción nacionales (NDC) y los avances en los compromisos financieros contraídos en la COP29«, informa la organización de la Conferencia.

El debate de fondo, sin embargo, es si esta nueva conferencia servirá para definir y ejecutar medidas que permitan la adaptación al cambio climático. Seguir hablando de prevenciones que, además, no se cumplen trae consecuencias catastróficas para los más vulnerables.

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El embajador André Corrêa do Lago presenta la Octava Carta de la Presidencia de la COP30. Foto: Felipe Werneck / Presidencia COP30

En una nueva carta —la octava dirigida a la comunidad internacional desde la convocatoria a la COP30— firmada por el presidente designado de la Cumbre, André Corrêa do Lago, se defiende que la adaptación ocupe el centro de las estrategias de supervivencia y estabilidad económica.

Corrêa sostiene que «sin adaptación, el cambio climático se convierte en un multiplicador de la pobreza, destruyendo medios de vida, desplazando a trabajadores y aumentando el hambre. A medida que los impactos se intensifican, la inacción deja de ser un fallo técnico para convertirse en una elección política sobre quién vive y quién muere».

Desde el mundo académico, Michael Löwy, director de investigación en sociología en el Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS), apuesta a la Cumbre Popular en Belém do Pará, que coincide en fecha con la COP. La denomina el espacio de los sembradores del futuro, que rechazan la resignación y el conformismo.

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En esa cumbre participarán movimientos ecologistas, campesinos, indígenas, feministas, ecosocialistas y otros sectores, debatiendo soluciones reales a la crisis ecológica y manifestándose en las calles de Belém do Pará contra la inacción gubernamental y la necesidad urgente de romper con el sistema.

La Cumbre de los Pueblos Rumbo a la COP30 refleja la movilización de 1.100 movimientos sociales y ambientales en Brasil que, desde marzo de 2023, se han reunido para construir una representación unificada de la diversidad de biomas y voces del país.

A través de encuentros en Brasilia y en la COP28 en Dubái, han avanzado en la creación de una declaración política y un conjunto de principios que guiarán la Cumbre. Este proceso refuerza el compromiso con una agenda de justicia climática y social que trazará el camino hacia la COP30 en 2025.

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Para la Cumbre de los Pueblos, «los países y tomadores de decisiones se han omitido o han presentado soluciones absolutamente ineficaces, poniendo en riesgo la meta de 1,5 °C del Acuerdo de París. Las inversiones que alimentan el cambio climático han aumentado en los últimos años, mientras las políticas de protección a los pueblos indígenas y poblaciones tradicionales han sido desmanteladas, y sus liderazgos, amenazados y asesinados».

En el manifiesto acordado, la Cumbre de los Pueblos expresa que es fundamental realizar una transición justa, popular e inclusiva; garantizar el derecho a la tierra y territorio mediante la reforma urbana, agraria y fundiaria, además de otras medidas estructurales.

El Movimiento Sin Tierra (MST) de Brasil advierte que la convocatoria a la COP30 ha generado gran controversia, principalmente en torno a la garantía de participación democrática y representativa de los pueblos que viven en la Amazonía.

Para el MST, «la COP30 será un escenario para líderes políticos y gigantes del mundo empresarial, lo que ha generado gran desconfianza en los acuerdos que se firmarán. Estos deberían contemplar, entre otros aspectos, los intereses de las actividades con mayor impacto ambiental».

Polliane Soares, dirigente estatal del MST, subraya que «no podemos esperar que los creadores de la crisis climática, quienes más se benefician de ella, aporten una solución a lo que sus acciones implican para nosotros. La solución reside en nosotros mismos, en la resistencia que hemos construido en nuestros territorios amazónicos, mediante la producción colectiva, sin pesticidas ni degradación de la naturaleza».

En julio de 2025, el presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro Moros, activó la Gran Misión Madre Tierra Venezuela durante una jornada de trabajo en el Sistema de Teleféricos Mukumbarí, estado Mérida. La iniciativa busca impulsar la recuperación y regeneración ecológica del país frente a lo que el mandatario denominó «la nueva realidad climática».

«Nosotros, con el pensamiento de Bolívar y con el ecosocialismo fundado por el comandante Chávez, hoy enarbolamos y activamos una gran misión estructural que nos permita transformar la sociedad venezolana y prepararnos para la nueva realidad climática: la Gran Misión Madre Tierra, que nace hoy 10 de julio rumbo al futuro», declaró.

La propuesta contempla siete vértices de trabajo y abre un debate con todas las universidades del país y los centros científicos. Maduro convocó a los 5.338 circuitos comunales y a los 49.000 consejos comunales a activarse en el conocimiento, debate y perfeccionamiento de estos ejes. Además, anunció la realización de un Congreso Mundial para la Defensa de la Madre Tierra donde se debatiría la necesidad del ecosocialismo, en conmemoración de los 200 años del Decreto de Chuquisaca emitido por el Libertador Simón Bolívar en 1825.

Tres meses después, en octubre, Caracas fue sede de ese encuentro internacional organizado por el Ministerio del Poder Popular para el Ecosocialismo. El Congreso congregó a más de tres mil participantes —líderes, activistas, científicos y representantes de 62 países— para debatir alternativas concretas frente a la crisis climática global.

La ministra Gabriela Jiménez, titular de la cartera de Ecosocialismo, presentó durante el evento un estudio realizado con comunidades yanomamis de Venezuela que reveló resultados sorprendentes en su microbiota intestinal. Los hallazgos vinculan directamente la salud de estas poblaciones con su conexión ancestral al entorno natural y sus sistemas alimentarios tradicionales, contraponiendo implícitamente el modelo occidental de desarrollo con los saberes indígenas milenarios.

Jiménez, quien también ejerce como vicepresidenta sectorial de Ciencia, Tecnología, Educación y Salud, alertó que la temperatura del mar Caribe ha registrado un incremento superior a 1,5 °C. Advirtió que tanto la cuenca amazónica como la del Pacífico enfrentan ya el doble de ciclones y huracanes, acompañados de una aceleración en la evaporación marina y lluvias cada vez más violentas. Estos fenómenos, subrayó, no solo amenazan la biodiversidad sino las condiciones mismas de la coexistencia humana en la región.

Durante la transmisión del programa «Con Maduro +», el presidente Nicolás Maduro presentó las conclusiones del Congreso Mundial, un documento firmado por más de 300 delegados internacionales —expertos, científicos y activistas— y avalado por los tres mil asistentes.

Entre los acuerdos se declara la transición justa no neocolonial, la construcción de alianzas internacionales del pueblo para el pueblo, y la convocatoria a una movilización global permanente en defensa territorial con asambleas por la Madre Tierra. La consigna que sintetiza el espíritu del encuentro: «La Madre Tierra no se negocia, se defiende, se ama, se vive. No cambiemos el clima, cambiemos el sistema por la vida y por la Madre Tierra».

Venezuela llevará estas voces del Sur Global a la COP30, que se celebrará en noviembre en Belém, Brasil. El país suramericano se presenta también como portavoz de las conclusiones que emergen desde los movimientos populares frente a la institucionalidad climática internacional.

El Manifiesto y Conclusiones resultantes de las deliberaciones de los más de tres mil delegados de 63 países puede consultarse en: http://www.minec.gob.ve/wp-content/uploads/2025/10/MANIFIESTO-Y-CONCLUSIONES-DEL-CMDMT-2025_.pdf

Mientras Venezuela articula las voces del Sur Global desde la movilización popular, Colombia presenta su agenda institucional para Belém con un enfoque que busca vincular cambio climático y biodiversidad en los mecanismos de financiamiento internacional.

«Necesitamos que esta COP entregue resultados en materia de sinergias de cambio climático y biodiversidad. Desde Colombia, como presidentes de la COP16, llevamos esta bandera para la región y para el mundo», destacó Daniela Durán, jefe de la Oficina de Asuntos Internacionales del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible.

El país andino propone tres ejes de trabajo:

1. Eliminación progresiva de los combustibles fósiles

Colombia anunció la realización de la Primera Conferencia Internacional para la Eliminación Progresiva de los Combustibles Fósiles en abril de 2026. La iniciativa vincula esta transición con la diversificación económica territorial y la justicia social y ambiental, anticipando que la descarbonización no puede replicar los patrones de despojo que caracterizaron la era extractivista.

2. Reformar el sistema financiero internacional

El gobierno colombiano aboga por una reforma profunda del sistema financiero internacional que impida que el financiamiento climático se convierta en nueva deuda para los países del Sur Global. La propuesta busca generar espacio fiscal real que libere recursos para la acción climática y la conservación de la biodiversidad, cuestionando así la arquitectura financiera heredada de Bretton Woods.

3. Integración de biodiversidad en los mecanismos climáticos

Colombia impulsa que las decisiones de la COP30 incorporen la conservación de la biodiversidad dentro de los mecanismos de adaptación, mitigación y financiamiento climático, promoviendo un enfoque integral del desarrollo sostenible que supere la fragmentación sectorial que ha caracterizado las negociaciones previas.

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Río Yamuna, India, uno de los más contaminados del mundo. Foto: EFE

Los récords climáticos que cada año se rompen no son anomalías sino síntomas de un sistema en transición irreversible. En julio de 2025, la concentración atmosférica de dióxido de carbono alcanzó 426 ppm, más del 50% superior a los niveles preindustriales. Esta cifra, consecuencia directa de las emisiones antropogénicas, está empujando al planeta hacia puntos de inflexión climáticos: umbrales ocultos capaces de desencadenar aumentos del nivel del mar superiores a siete metros y enfriamientos regionales de hasta 20 °C.

La comunidad científica ha identificado hasta 25 de estos puntos críticos, nueve de ellos con alto grado de certeza. Tres podrían activarse con un calentamiento inferior a 2 °C: el colapso de la capa de hielo de la Antártida Occidental (4,3 metros de aumento del nivel del mar), la pérdida total de Groenlandia (7,2 metros adicionales), y el colapso de la convección en los mares de Labrador e Irminger, que alteraría drásticamente las corrientes del Atlántico Norte y provocaría fenómenos meteorológicos extremos sin precedentes.

El Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) es categórico: con los actuales compromisos nacionales, el objetivo de limitar el aumento de la temperatura a 1,5 °C está «fuera del alcance». Ni siquiera se lograría contener el calentamiento en 2 °C. El mundo se dirige hacia un escenario catastrófico de 3,2 °C, según el informe más reciente del organismo.

Para evitarlo, el IPCC señala que el abandono del carbón debe completarse antes de 2050, y que el mundo debe renunciar al menos al 60% del petróleo y al 70% del gas natural. Sin embargo, el mismo informe reconoce una asimetría brutal: el 10% más rico de la población mundial emite el 45% de los gases de efecto invernadero, y dos tercios de ese decil vive en países ricos.

Frente a esta evidencia, la pregunta que atraviesa Belém no es técnica sino política: ¿seguirán las COP siendo espacios donde se negocia la velocidad del colapso, o se convertirán en escenarios donde los pueblos impongan la única transición posible, aquella que no deja a nadie atrás porque entiende que la Madre Tierra no se negocia?

La COP30 abrirá sus puertas en Belém el 6 de noviembre. Lo que ocurra allí dirá menos sobre el futuro del clima que sobre quién tiene el poder —y la voluntad— de cambiarlo todo antes de que sea demasiado tarde.

Autor: teleSUR: Ricardo Pose - DRB

Fuente: Agencias - ONU - MST - IPCC - Fuentes oficiales